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Nuestro punto de partida

Antes de hablar de los derechos asertivos, quiero hacer una mención a los dos estilos alternativos a la comunicación asertiva en los que se nos suele educar. El estilo sumiso y el estilo agresivo.

Sumisos

Tradicionalmente nuestra educación nos ha enseñado mayormente a ser sumisos. El mensaje de «obedece a la autoridad», cállate cuando hablen los mayores, no «responder» a tu profesor, etc. es algo con lo que la mayoría de nosotros y nosotras podríamos identificarnos.

Aunque parezca algo un poco carca que ya no ocurre lo cierto es que ha estado (y está) tan grabado en nuestra historia presente que son modelos que aún nos afectan a la hora de relacionarnos o que incluso reproducimos.

Está claro que aprender a respetar ciertos limites cuando somos pequeños es necesario para poder funcionar en sociedad, pero a menudo se han pasado de frenada en estos aspectos y, en consecuencia, se nos atasca un poco (o bastante) el relacionarnos con los demás de forma asertiva.

A menudo, a partir de este tipo de aprendizajes, interiorizamos ciertos valores e ideas que, pese a que pueden ser bienintencionadas, nos pueden limitar a la hora de interaccionar con los demás y generar ciertos problemas.

Este tipo de ideas pueden ir en la linea de:

  • Es egoísta poner las necesidades propias por delante de las de los demás.
  • Tenemos que ser coherentes y actuar en consecuencia
  • Cometer errores es un fracaso y hay que tener siempre una respuesta.
  • No hay que interrumpir nunca a la otra persona.
  • Preguntar es de mala educación.
  • Tengo que caerle bien a todo el mundo
  • Si digo que no voy a herir a la otra persona

Agresivos

No sólo venimos de este background de «a callar, niñx!». Si no que por parte de la sociedad también nos llegan mensajes de hay que ser competitivo, famoso, la mejor, tener éxito. En los que básicamente la idea es superar al otro, ponerse por delante una misma.

Ambos enfoques, pese a ser contradictorios en sus órdenes centran la propia valía y lo que es correcto en el punto de vista externo, en contraposición a extraer nuestra auto-valía de nosotrxs mismxs, nuestros logros y valores genuinos.

Además se fuerza un posicionamiento jerárquico con respecto a los demás en una división entre Winners y Losers.

¿Qué son los derechos asertivos?

Es ante esta dicotomía de perdedores y ganadores, sumisos y agresivos, callarse la boca o chafar el otro, donde aparece la idea de los derechos asertivos.

Los derechos asertivos son una serie de derechos implícitos que toda persona tiene a la hora de existir y relacionarse con los demás de una forma en la que su propia auto-valía, estima y respeto sean cuidados y protegidos.

A continuación listaremos 16 derechos asertivos y los explicaremos brevemente. Es posible que sientas que ya los conoces, pero ¿los pones en práctica?.

El derecho a:

1. Ser tratada con dignidad y respeto

Este derecho parece muy simple, pero lo cierto es que no somos pocas las personas que a veces ante las faltas de respeto no sabemos reaccionar y nos callamos, excusando a la otra persona «tendrá un mal día».

2. Tener y expresar los propios sentimientos y opiniones

Tenemos derecho a decir lo que pensamos y cómo nos sentimos, a veces podemos haber adquirido la idea de que lo nuestro no es válido o importante, pero a la hora de comunicarnos, poder decir lo que pensamos y sentimos es esencial y es un derecho por el que merece la pena luchar.

3. Ser escuchado y tomado en serio

Cuando hablamos, el que nos escuchen es algo que podemos defender y es completamente legítimo hacerlo.

4. Juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones

Tenemos el derecho a la autodeterminación. Muchos son los padres, parejas e incluso «amistades» que pretenden hacer de la otra persona un medio para sus propias inseguridades, deseos y movidas internas. Independientemente, tenemos derecho a vivir nuestras propias vidas en base a nuestras necesidades y deseos.

5. Decir “NO” sin sentir culpa

No es raro que siendo niños y niñas se nos haya dicho «mira que contestona», o se nos hayan chantajeado emocionalmente al expresar una negativa o incluso dado un bofetón.

En cualquier caso, nuestra capacidad de decir «No» puede verse mermada a lo largo de la vida, porque no todo el mundo acepta sin rechistar el no salirse con la suya.

Ante esto recordar que decir «no» es un derecho esencial que conviene tener presente y bien practicado.

6. Pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir “no”.

A menudo, cuando tenemos dificultades para decir «no» también nos cuesta mucho pedir. Puede que sintamos que la otra persona se va a sentir tan incómoda como nosotras o puede que simplemente tengamos muy interiorizada la sumisión.

En todo caso al igual que nosotras podemos decir «no», cuando pedimos algo a alguien ellos también pueden decir «no». De hecho, tener consciencia de eso nos permite poder pedir de una forma más sana y sin menos proyección.

7. Cambiar

Al igual que tenemos derecho a llevar la vida que queramos, tenemos derecho a cambiar de opinión, o de lo que sea.

Cuando ha habido intención de controlarnos, o nuestra conducta previa haya beneficiado a otras personas, probablemente encontremos resistencia ante nuestras tentativas de cambio.

En todo caso cambiar es nuestro derecho, porque es nuestra vida.

8. Cometer errores

Errar es humano. Tenemos derecho a meter la gamba y no por ello avergonzarnos.

Si admitimos este hecho viviremos los errores de una manera mucho más sana y natural. No nos pondremos a la defensiva o nos haremos pequeñitos ante ellos. Hará el desenvolvernos por la vida un proceso mucho menos tortuoso e, incluso, más eficaz.

9. Pedir información y ser informado

Al igual que tenemos derecho a expresar lo que sentimos o pensamos, tenemos derecho a preguntar y pedir información.

Cuando sentimos que hacer preguntas está mal, es más fácil que nos manipulen o pasemos por encima de nuestras propias necesidades y derechos.

10. Obtener aquello por lo que pagué

La asertividad también implica poder reclamar cuando un servicio por el que estamos pagando no es el que debería ser.

Estas situaciones cotidianas donde te traen el cafe con cafeína, o la cuenta está mal, o te venden un producto en mal estado. Son situaciones donde nuestra capacidad de responder en el marco de la asertividad se ve puesta a prueba.

11. Decidir no ser asertivo

Está en nuestra mano decidir adoptar posiciones no asertivas (sumisas o agresivas) ante ciertas situaciones, básicamente tenemos derecho a actuar conforme consideramos adecuado. Igualmente las demás personas tendrán derecho a ponernos límites y defender sus propios derechos.

12. Decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de otras personas

Lo que es nuestro, es nuestro. Tenemos derecho a defenderlo, aquí entra el saber decir «no» y marcar los límites.

13. Tener éxito

Hay personas que viven el tener éxito como algo tabú, que esta hasta «mal». A veces es de forma inconsciente, y por ello se auto-sabotean o sienten que algo «no está bien», quizá os suene el síndrome del impostor.

Al igual que tenemos derecho a vivir nuestra propia vida como queramos, tenemos derecho a que nos vayan bien las cosas, incluso buscar que nos vaya bien.

14. Gozar y disfrutar

Tenemos derecho a disfrutar. Aunque es un poco carca el dogma del pecado, todavía queda grabado en nuestra cultura que a veces estar bien, esta mal.

Por ejemplo, si ha ocurrido alguna movida en tu familia y un día te encuentras riéndote con una amistad, es posible que pienses que no es adecuado, pero disfrutar desmerece la realidad.

15. Apartarnos, descansar, tomar distancia, siendo asertivos

Tenemos derecho a tomar distancia en una discusión, o simplemente si necesitamos estar a solas y recargar las pilas.

Nuestra vida es nuestra y hacemos lo que queremos y necesitamos.

Podemos expresar esta necesidad de forma asertiva y es nuestro derecho.

16. Superarme, aunque suponga superar a los demás

Al igual que a tener éxito, tenemos derecho a mejorar, a crecer en cualquier ámbito. A veces esto implica ser «mejor» o superar a otras personas. Puede que esta faceta nuestra haya sido criticada o mermada durante nuestro desarrollo.

Pero tenemos derecho a ello. A autorrealizarnos.

Cierre

Estos derechos han sido extraídos del libro «La asertividad: expresión de una sana autoestima» de Olga Castanyer. Es una lectura muy recomendable si quieres aprender a expresarte, relacionarte y defender lo que es tuyo de una forma más sana y efectiva.

Respetar y defender nuestros derechos asertivos es una empresa difícil y delicada. Es fácil que nos pasemos de frenada, que nos sintamos incómodas haciéndolo o que simplemente que no podemos hacerlo.

Desarrollar habilidades asertivas, aprender a poner límites y reconocer y gestionar nuestras emociones son elementos clave para llevar una vida más plena y satisfactoria.

En ese camino puedes encontrar ayuda en diversos recursos, pero uno de los más efectivos y poderosos es la terapia. Si te interesa desarrollarte en estos aspectos, puedes ponerte en contacto con nosotrxs.

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